Canción o álbum, y por qué importa la diferencia
La música es el único universo de la app donde la unidad no es obvia. Puedes registrar una canción suelta o un álbum entero, y los dos conviven en la misma colección: un disco que marcó tu año y una canción que escuchaste en bucle una semana son cosas distintas, y forzar ambas en la misma forma haría que la lista mintiera sobre las dos.
La búsqueda devuelve los dos tipos y dice cuál es cuál. El álbum trae el año y el género de la ficha del propio disco; la canción los hereda del álbum en que salió, que es la información que existe: una canción no tiene género propio en el catálogo, tiene el del disco.
El año no aparece en la línea de identidad de la canción, y es una decisión: el año de una película es la obra, el de una canción es el de la edición en que salió, y eso cambia de recopilatorio en recopilatorio sin decir nada sobre la canción.
La vista previa de treinta segundos, y lo que no es
Cada canción trae una vista previa corta, que suena dentro de la app mientras decides si es esa. Sirve para resolver cuál de las cuatro versiones con el mismo nombre es la que buscas, que es el problema real de registrar música.
Lo que no es: un servicio de streaming. No se puede escuchar el álbum aquí, no hay cola de reproducción y no hay descarga. La vista previa es cortesía del catálogo y viene acreditada; escuchar de verdad ocurre en el servicio que ya usas, y el enlace está en el propio ítem.
El catálogo es Deezer, elegida por ser pública, no exigir clave y traer vista previa y portada en la misma respuesta. Una consecuencia: la ficha de una canción es más delgada que la de una película, porque Deezer no publica sinopsis, y un campo vacío bajo un título de sección es peor que ningún campo, así que simplemente no aparece.
Para qué sirve registrar música que ya escuchaste
Tu servicio de streaming ya sabe qué escuchaste, y hace un resumen por año. La diferencia es que cuenta REPRODUCCIONES, y una reproducción no es una opinión: el disco que sonó trescientas veces porque quedó en aleatorio en el trabajo aparece por delante del disco que te cambió el año.
Aquí lo dices tú. La nota es tuya, la fecha es la que elegiste, y la colección es tu lectura de lo que pasó, no el conteo de un algoritmo. Por eso el registro es manual: el esfuerzo de elegir es justamente lo que el resumen automático no tiene.
Y, como el resto de la app, esto no vive solo en una aplicación de música. El mismo perfil que guarda los discos guarda las películas y los libros del mismo año, y esa mezcla es la que comentan los amigos.
El año en discos, sin depender del resumen de nadie
Cada diciembre los servicios de streaming publican un resumen de tu año, y cada enero desaparece. Es del servicio, no tuyo: si cambias de plataforma, el historial se queda atrás, y el de hace dos años ya no está en ninguna parte.
Aquí la retrospectiva se arma con lo que TÚ registraste, y sigue existiendo al año siguiente, y al otro. Mezcla los universos a propósito: el disco del año junto a la película y al libro del año es una lectura que ningún servicio aislado puede hacer, porque ninguno ve a los otros.
Y se comparte por enlace, sin obligar a nadie a registrarse para verla. Es la misma idea de las colecciones: quien la recibe abre una página común, con las portadas y lo que escribiste.
El registro es manual, y ese es el precio. A cambio, lo que está ahí es lo que elegiste que estuviera, no lo que sonó más veces en aleatorio mientras trabajabas.